Ayer leí en El País una noticia que me dejó conmocionada y cuyo tema central, de gran calado, me tiene dándole vueltas en la cabeza desde entonces.
Esta es la noticia:
Condenada por quemar al violador de su hija
La Audiencia de Alicante ha condenado a María del Carmen Espinosa, de 56 años, a nueve años y medio de cárcel por quemar y matar al violador de su hija, Antonio Cosme, alias Pincelito. La mujer roció a la víctima con un bidón de gasolina y le prendió fuego en un bar de Benejúzar (Alicante), en junio de 2005. Este hombre había sido condenado a nueve años por la violación de su hija, una menor de 13 años.
Cosme sufrió graves quemaduras en el 60% de su cuerpo, que 10 días después le provocaron la muerte en el hospital. Los magistrados condenan a la mujer, además, a pagar una indemnización de 80.000 euros a la esposa del fallecido y 15.000 euros a cada uno de sus cuatro hijos. La Audiencia también fija una pena de un año por las lesiones causadas a un vecino que acudió a ayudar a la víctima.
En la sentencia, el tribunal ha aplicado la eximente parcial debido al estado mental de la acusada, con ansiedad desde que se cometió la violación de su hija y sometida a tratamiento psiquiátrico. La madre nunca superó lo que le ocurrió a su hija y el día de los hechos, cuando se encontraba esperando un autobús, según la sentencia, escuchó una voz que le decía: "Hola, señora, ¿qué tal su hija?". Era el violador de su hija, de permiso carcelario. La sentencia refleja que la mujer entró en un estado mental que influyó en su voluntad. Tras ver cómo el hombre entraba en un bar, compró en una gasolinera cercana una botella de gasolina y la vació encima del hombre, prendiéndole fuego con una cerilla y diciéndole: "Para que te acuerdes de mí". La sentencia determina que aunque tenía parcialmente alterada su voluntad, la mujer era consciente de sus actos".
Es de estas situaciones donde, como madre que soy y, sin duda, aunque no lo fuera, inmediatamente te calzas en los zapatos del otro e integras de sopetón todos sus potenciales sentimientos.
Desolador, feroz y totalmente brutal.
Y entonces te sobreviene esa sensación donde en tu cabeza se listan como si fuese un desplegable en Excel todas las razones porque las que estás en contra de cualquier síntoma o demostración de violencia junto con ese otro desplegable, heart-sourced, que aparece con rabia biliar y lista una serie de justificaciones que hacen que te salte un pop-up en la cabeza que dice: "yo habría hecho lo mismo".
Me resulta tremendamente dificil posicionarme en este tipo de situaciones, de verdad, con el corazón en la mano. Chocan directamente con el yo racional y hacen tanto peso en la balanza....
Este señor, el violador, acercándose a la madre de la niña de 13 años mientras disfrutaba de un permiso carcelario, le preguntó cómo estaba su hija.... ES TERRIBLE... digno de un thriller in extremis !
Y la señora tiene que pagar a la familia del susodicho por su pérdida....
Da que pensar.


